La mantarraya

Hace dos semanas fuimos a uno de los grandes hoteles de lujo en Cancún, mi esposa y yo, junto con un grupo de parejas, quienes decidimos viajar juntos a aquel lugar donde los problemas vuelan y nada existe, excepto la realidad que se encuentra frente a nosotros.

Todos los días bajábamos a la playa y pasábamos prácticamente todo el día platicando y comiendo platillos exquisitos, probablemente más de lo que debíamos hacer; sin embargo, esos no eran momentos para medirnos.

Sin embargo, no todo puede ser perfecto y tuve que sacrificar una de mis actividades favoritas, que es nadar en el mar, por razones externas y ajenas a mi voluntad.

El asunto era que  en los últimos días las arenas bajo las olas habían tenido un nuevo visitante, que podría resultar muy peligroso para los huéspedes y para todo turista quien se acercara más de lo que debería.

El problema es que a este visitante la mayoría de las veces no se le puede ver ni sentir, hasta que ya sea demasiado tarde; se trata de la mantarraya.

Las mantarrayas son unos graciosos animales marinos que navegan por todo el mundo buscando buena comida y aguas profundas donde puedan desaparecer en los abismos.

Se dice que todo animal marino, de alguna forma u otra, tiene su equivalente en los dominios de la superficie de la tierra y de ser así, el equivalente de la mantarraya sería  un murciélago grande, ya que ellos vuelan de la misma manera en que ellas nadan, transportándose a lo largo del viento y del agua, como sombras navegando por  el tiempo.

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Las mantarrayas son creaturas consideradas primas de los tiburones, ya que retienen muchas funciones de los escualos; sin embargo, difieren en mucho, tanto en forma como en tamaño.

Una de las peculiaridades de las mantarrayas es su gran habilidad para esconderse de los predadores por debajo de la arena, tomando su color y actuando en su forma a modo de que el camuflaje sea cien por ciento efectivo y verídico, llegando a derrotar en habilidad de camuflaje a los propios pulpos.

Las mantarrayas se alimentan de pequeños peces cuyos huesos triturarán con sus pequeñas pero fuertes mandíbulas, diseñadas para poder reventar caparazones de cangrejos y otros crustáceos.

Otra arma secreta que manejan las mantarrayas es el aguijón que guardan detrás de su cola contiene una potente dosis de veneno capaz de aniquilar a muchas de sus presas.

Esto es precisamente lo que les hace tan peligrosas para los humanos, ya que al estar escondidas bajo la arena los hombres las pisamos y es ahí donde nos sueltan su aguijón como un escorpión marino.

Es muy importante entender el hecho de que la razón por la que las mantarrayas atacan es simplemente porque se les pisa y responden como reflejo.

De cualquier otra manera, la mantarraya no es peligrosa y puede llegar a ser muy amigable y curiosa con los humanos.

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