"Drop dead gorgeous"
La publicidad, el status, el juicio y la crítica sin fin, son el
código regular de adiestramiento del consumismo y de la superficialidad.
Las fotografías construidas de Daniela Edburg proponen un drama "light
" sobre la
muerte. El papel adecuado y perfecto de la mujer super y bella apegada a
la hipertrofia de productos que "disimulan la angustia real
cotidiana". Por desgracia o por necesidad la víctima sucumbe al deseo.
Apuntalada con exquisita ironía la "solemnidad de niña bien" prueba
ser una vez mas, ángel y demonio, una vez mas débil.
En escenarios domésticos estos personajes "reales"
existen a partir de sus accesorios. Los excesos de productos y la saturación de
colores conforman paraísos de placer efímeros, donde las vanidades y las
adicciones se convierten en la perdición y el fin inusual de cada chica.
Los lujos de una sociedad de consumo, las vestimentas a la usanza
de la moda de los setenta, los noventa, u otra década; cada set elaborado por la artista sin
duda demuestra un interés por lo estético y socialmente bello. Los escorzos de
las muertas detallan el pesado camino recorrido para llegar a ese estado.
Son realidades ficticias de arquetipos de la sociedad llevados a
su cima y plasmados con finísimo sarcasmo y motivos dulces como: la canderelómana,
la maniaca-nutellosiva
, o la
neoclásica de pelo lavado (Muerte por shampoo). Con sentido del humor, aprensión y
ansiedad al mismo tiempo, la víctima logra su propia aniquilación. Junto
a una visión alegre y dramática de la muerte existe una curiosidad amarillista
por este tipo de documentos policíacos de suicidios inevitables, donde el
cómplice es el espectador. La teatralidad y el supuesto absurdo hacen del
memento mori
un momento fútil, todo pierde importancia, sobretodo la necesidad
imparable de acumular bienes y materiales. Detrás de todos los productos
plásticos y del color hay una crítica social del "deber ser",
del bienestar del crédito capitalista y de la circunstancia femenina
actual .
Con audaz inteligencia y armoniosa construcción, con ironía única
estas fotografías se insertan en una amarga nota de Gilles Lipovetsky: "No
hay novedad que no aparezca como frívola, curiosa y divertida, no hay nada
retro que no provoque la sonrisa"
Ana Quiroz