Marcela Armas

"Un día de trabajo"

 

La función de la escultura ha tenido cambios radicales en los últimos cien años. No sólo fue

el uso de nuevos materiales, el sentido del espacio se modificó. Inmensos cambios sucedieron en el campo de la tecnología y fue necesario incorporar una cuarta dimensión, el tiempo. El arte dejó de ser únicamente estético uniéndose nuevamente a cuestiones sociales, históricas y místicas. Evolucionado y desmaterializado el arte

es activador de acciones.

 

Ante las sociedades especializadas, las urbes sobrepobladas, los profesionistas en exceso y el

trabajo como adicción primigenia del capitalismo, Marcela realiza un experimento que involucra los núcleos de labor, la tolerancia y el cuerpo. Se ha planteado realizar un trabajo en equipo en la vida real y en forma literal. Interviniendo en los aparatos de la sociedad, estas acciones reflexionan con actos y plantean nuevas visiones

sobre la circunstancia humana.

 

La división laboral segmenta en distintos niveles a una sociedad que utiliza el orden de clases

para marcar las diferencias. Los sistemas están dados para no violarse. La institucionalización de las personas, por temporal que sea, modifica sus hábitos y reglamentaciones y etiqueta a los integrantes del gremio.

Marcela rompe momentáneamente las reglas para hacer patente las contradicciones del sistema, poner en absurdo el funcionamiento, el largo número de trámites y las jerarquías de la burocracia del tercer mundo. Valiéndose del uniforme como vestimenta unificada y uno de los recursos mas utilizados para homogeneizar a las personas, la artista invita a 10 enfermeras de una clínica del Seguro Social en el Distrito Federal a transformar un día de trabajo. Elaboró la vestimenta uniéndola entre sí para formar un solo gran uniforme. Las enfermeras desempeñaron sus trabajos habituales dentro de este nuevo traje unidas físicamente por él en una vida temporal de muéganos.

Las fotografías provocan la claustrofobia y la ansiedad controlada de seres humanos

acostumbrados a los espacios reducidos de las ciudades como a los vagones de los metros, o a los elevadores. Una especie de tortura de estar acorralado voluntaria e involuntariamente en el propio sistema, en el mismo núcleo y con la misma gente. El video lleva de la mano esta muda impaciencia de vivir unidos y la imposibilidad de ejercer el acto voluntario, en instituciones donde impera la productividad y la eficiencia, hay una gran escultura que impide el flujo real de las cosas.

En los sórdidos ambientes sobrepoblados de este mundo ver a 10 enfermeras pasar un día como siamesas en un solo cuerpo, urde en la desesperación, en la irónica y evidentemente en el absurdo.